Día Mundial de Prevención del Suicidio: 10 de septiembre

Prevención del SuicidioDesde el año 2003, la Organización Mundial de la Salud-OMS estableció el 10 de septiembre como Día Mundial de la Prevención del Suicidio, con la finalidad de promover la reflexión y difundir información que permita a cada persona contar con herramientas para detectar casos potenciales de suicidio y evitarlos. Además de esto, este día sirve para entender cada vez más la profunda gravedad de esta realidad que tiene relación directa con la calidad de nuestra salud mental. En un reciente congreso internacional titulado La conducta suicida en poblaciones vulnerables, organizado por la Sociedad Peruana de Prevención del Suicidio, expertos psicólogos y psiquiatras abordaron este tema desde diversas situaciones y una de las más preocupantes tiene que ver con el alto índice de niños y adolescentes en edad escolar que atentan contra su vida como consecuencia de las presiones sociales, el consumismo, la obsesión por “ser populares” y el bullying. Situaciones con las que el docente debe lidiar permanentemente y saber cómo ayudar de la mejor manera posible. Nuestra colaboradora, Lic. Yvette Ubillús, nos ofrece algunas reflexiones magisteriales sobre este tema.

Suicidio: Cuando se acaba la esperanza
Por Lic. Yvette Irán Ubillús

Hoy, 10 de septiembre, es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, un día para recordar y tomar conciencia de que cada año se suicidan 800 mil personas alrededor del mundo entero y esa estadística incluye a nuestro país, donde el trato a esta realidad no es frontal y por el contrario solo aparece en noticias de orden policial o de corte banal asociado al escándalo mediático.

Pero la realidad es que se trata de una alarmante realidad que va en franca escalada en épocas cuando se habla de la modernidad y el desarrollo de las comunicaciones, todo lo cual nos debe llamar a la reflexión acerca de cómo estamos utilizando los recursos que nos ofrece la velocidad de la vida contemporánea y si realmente somos beneficiados o perjudicados por ella.

¿Tenemos siquiera una vaga idea de por qué se suicida una persona? ¿Un niño o un anciano? Muchos creemos tener las respuestas muy a la mano, pero en realidad no es así. Un problema económico o una decepción amorosa no son la causa de un suicidio, tal vez sean detonantes finales pero la realidad es que la persona que toma esta decisión fatal ya lo ha considerado alguna vez antes e incluso puede ser un pensamiento recurrente que de pronto se llega a ejecutar.

Quisiera detenerme, en este punto, en los maestros de escuela, en su importante rol en el desarrollo diario de la vida y la personalidad de los alumnos a su cargo. Uno de los ámbitos en los que el suicidio está en aumento, lamentablemente, es dentro de la población escolar y esto es debido a factores que muchas veces pueden pasar desapercibidos para los docentes o ser confundidos por estos con simples actitudes inherentes a los niños y a los adolescentes.

Debemos empezar justamente por desterrar la suposición y siempre estar atentos a los comportamientos de nuestros alumnos: un cambio de actitud, una alteración en su rendimiento u otras modificaciones notorias en su conducta pueden darnos alertas de que algo anda mal y necesitan de nuestra asistencia así como la de sus padres.

Si bien es cierto los niños y adolescentes suelen participar a veces de juegos rudos o de fuerza como parte del afianzamiento de su propia identidad, esto no debe ser motivo para que los profesores pasemos por alto posibles casos de abuso y agresión, hoy muy conocidos como bullying, que no pueden ser permitidos pues sumen en profunda depresión y angustia a quien es maltratado y este, por ejemplo, es uno de los escenarios en los que el pensamiento suicida puede aparecer en el alumno.

No debemos subestimar esta problemática, tenemos que permanecer muy atentos porque desgraciadamente los niños y adolescentes camuflan muy bien estas actitudes y pueden pasar largos periodos de abuso sin que un hecho trágico lo revele. Mientras tanto, la autoestima y la vida emocional de las víctimas se destruyen y no encuentran salida a su sufrimiento.

El abuso hacia el que es diferente es producto de la falta de respeto y reconocimiento del otro como persona individual, con características particulares que lo diferencian de los demás. Hoy que vivimos en un mundo donde se comercializa la uniformidad de conceptos como la belleza, el éxito y la popularidad, nuestra tarea como maestros debe estar siempre enfocada en crear conciencia acerca de los valores personales, familiares, amicales y la reafirmación de la individualidad como algo valioso y reconocido como parte de nuestra dignidad de seres humanos.

Y para ello nuestra presencia como autoridad y ejemplo en la vida de nuestros alumnos es primordial, no podemos perder de vista que muchas veces los propios maestros nos dejamos llevar por ciertos preconceptos de la sociedad actual e incluso en un intento por familiarizarnos con nuestros estudiantes pensamos que utilizar los códigos “modernos” es un vehículo de acercamiento. No caigamos en la superficialidad que afianza estereotipos erróneos.

Los niños y adolescentes tienen gran necesidad de construir su personalidad y reafirmarse en ella para enfrentar la vida de forma íntegra y digna y es justamente ahí donde los maestros tenemos un papel fundamental. Observemos y ofrezcamos apoyo a nuestros estudiantes si ellos lo necesitan. Hacer constantes menciones de que pueden buscarnos en caso de problemas, angustias, malos tratos y abuso es fundamental para prevenir el avance de los conflictos emocionales que eventualmente podrían tener el desenlace fatal de un suicidio.

El suicidio es el triste fin de la desesperanza, cuando la persona, sea niño, joven, adulto o anciano creen que sus problemas son irreparables, cuando no encuentra salida. El suicidio es el imperio de la soledad, que hace notar a un ser humano que nadie se interesa por él o ella, es una expresión de rabia por el abandono, de deseo de castigar a quienes los ignoran. Es, en suma, la creencia de que todo está perdido y que solo la muerte puede acabar con el sufrimiento.

Escuchar con empatía y paciencia a la persona que sufre es un primer gran paso para prevenir el suicidio, algo tan simple como prestar atención a un ser humano que atraviesa por una situación de la que nadie está totalmente libre.
Todos tenemos responsabilidad cuando alguien se suicida porque, como sociedad, no ofrecemos el soporte que las personas necesitan y este justamente tiene un ámbito muy extenso en la escuela. Escuchar, no juzgar. Escuchar, no dar fórmulas personales. Escuchar, no reprender.

No permitamos que la vida se apague, no esperemos a que sea demasiado tarde. No seamos indiferentes ante quienes piden nuestra compañía y ayuda. Recordemos que el suicidio también sume en la tristeza a familiares y amigos y que la huella que deja es imborrable.

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