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La joven Hatun Killa se abre paso con una voz que hace remecer a los apus y llega hasta las estrellas.

Texto: Nilton Torres Varillas
Fotografía: Melissa Merino

Lilian Cornelio Pino descubrió que tenía una gran voz el día que imitó el sonido de una flauta traversa. Lo hizo en correcta afinación y para compensar que había olvidado la letra del ‘Cóndor pasa’, emblemática composición que estaba ensayando con un grupo al que se había unido y que tenía un repertorio de folclore latinoamericano y argentino.

Para Lilian fue una ocurrencia para salvar la situación, pero esa improvisación les gustó tanto a sus compañeros que la incluyeron en sus espectáculos.

Hasta ese momento, Lilian tenía un rol de acompañamiento en el grupo. Lo del canto era una distracción,  pero lo que se gestaba en su garganta era la armonía de una soprano de coloratura que ha encontrado en la lírica andina el género ideal para dar rienda suelta a su melodiosa voz.

Hasta hace solo dos años Lilian enseñaba inglés en un instituto de idiomas, pero en el 2011, cuando el cantautor ayacuchano Luciano Quispe la invitó a acompañarlo a un espectáculo llamado ‘Tincuy’, ella decidió dejar la enseñanza para dedicarse íntegramente a la música, logrando imponer –en teatros y coliseos de Lima y provincia– un estilo cuyo ícono más representativo es la inmortal Ima Súmac. Y ha sido bautizada como Hatun Killa, nombre quechua que significa Gran Luna.

Legado de maestros

Lilian explica que una soprano de coloratura es aquella cantante que posee una voz capaz de desplazarse rápidamente dentro de un registro vocal de soprano, subiendo y bajando de tonos, y con fuerza en los agudos.

“Vírgenes del Sol es una obra especial para las sopranos de coloratura. Solo ellas son capaces de hacer esos repiques, esos sonidos que se parecen a los de una flauta”, dice.

Lilian nunca estudió música ni canto. Es más, nunca había escuchado a Ima Súmac y no tenía ni idea de la existencia de las sopranos de coloratura. Y quienes le hicieron notar la necesidad de cultivar su registro vocal innato fueron unos talentosos músicos andinos que al escucharla se quedaron prendados de su voz.

El desaparecido guitarrista Guillermo Villacorta, el violinista Ramiro Fernández y el intérprete de mandolina Serapio Barrientos la apadrinaron musicalmente y le dieron el soporte para que Sol del Perú, afamado grupo folclórico, se encargara de acompañarla musicalmente.

Junto con esta agrupación preparó el espectáculo que sería su debut estelar como Hatun Killa, una presentación que se realizó hace un año en el auditorio de la Derrama Magisterial, en Jesús María. ‘Esencia de luna’ se llamó aquel concierto, que fue toda una sorpresa para la joven intérprete ya que nunca esperó ver a tanta gente haciendo cola para oírla.

Hasta aquel concierto, Lilian había sido la artista invitada de Luciano Quispe en su gira, entre el 2011 y el 2012, por el interior del país. Además, lo había acompañado hasta en tres ocasiones al programa de televisión ‘Misky Taky’, especializado en difundir el folclore peruano. Pero aquella presentación en la Derrama fue decisiva para direccionar su carrera musical.

Próximo disco

Hatun Killa tiene 27 años. Y ahora mismo se encuentra dedicada a dos proyectos: preparar su segundo gran concierto, el próximo 14 de mayo, también en el teatro de la Derrama Magisterial, y grabar el que será su primer CD. Un disco con diez canciones que incluye dos composiciones suyas y un repertorio con arreglos sinfónicos.

En paralelo, no para de hacer presentaciones. La más reciente fue a finales de abril, cuando fue la cantante invitada del grupo folclórico Alborada, cuarteto de intérpretes de coloridos vestuarios que llevan casi tres décadas sobre los escenarios. Para la ocasión, Hatun Killa se presentó con un estilizado vestido rojo, ribetes dorados con motivos andinos y coronada con un tocado de inspiración inca.

Lilian dice que sobre el escenario deja que el sentimiento le permita expresarse y cantar con el alma y el cuerpo.

Algunos entusiastas la llaman la “heredera de Ima Súmac”, pero ella no quiere ser sucesora ni heredera de nadie. Se siente halagada, obviamente, porque la comparan con una gran artista. Pero ella es Hatun Killa, una chica de Chorrillos cuyos padres vinieron a la capital desde Sartimbamba, en las alturas de La Libertad. Una muchacha a la que le han sugerido que cante rock, pop, baladas. Pero en ninguno de esos géneros se sentiría como en lo que hace. Porque cada vez que sube a un escenario, dice, le pide a Dios que le preste la energía de los cerros, de las plantas, de la luna. Y cuando abre la boca, Lilian deja de ser Lilian. Es Hatun Killa, la gran luna que canta.

Original: http://www.larepublica.pe

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