El pasado 29 de agosto, Derrama Magisterial presentó el evento Cultura Popular, un ciclo de conferencias y mesas redondas en el que se analizó el significado de aquello que comúnmente denominamos folklore. Esta palabra, derivada de la unión de dos voces del inglés – folk (pueblo) y lore (sabiduría) – fue incorporada a nuestro idioma en su sentido original, es decir, como sinónimo de la sabiduría popular, pero con el tiempo ha sufrido una deformación sintáctica hasta el punto de tener connotaciones negativas y peyorativas.
En ese sentido, Cultura Popular dedicó un espacio para que destacados expertos y artistas de nuestros pueblos originarios dialoguen acerca de la necesidad de replantear el uso de términos como folklore, sus derivados folklórico, folklórica, etc. y de ser necesario, proponer y geenrar nuevas formas para denominar nuestros procesos artísticos y sociales.
Cultura Popular comenzó con un tributo en runa simi a las generaciones pasadas, aquellas que definieron nuestra identidad, a cargo de la retablista ayacuchana Magdalena Aymé Oré, de la Asociación Ichimay Wari y con la interpretación del Himno Nacional en lenguas asháninka, aymara y shipibo, por las cantantes Yéssica Sánchez Comanti, Zenobia Bautista Huamán y Wilma Maynas Inuma.
Posteriormente, la mesa de diálogo ¡Folklore nunca, cultura popular, identidad, memoria y ciudadanía! desarrolló el tema central del evento, con interesantes propuestas de los participantes, entre quienes estuvieron el artista quinuino Gedeón Fernández Nolasco y la antropóloga Susana Ilizarbe Pizarro.
Como broche de oro, tuvimos una didáctica charla acerca de la ancestral Danza de Tijeras, preparada por tres generaciones de danzantes que conservan, con arduo trabajo y dedicación, la memoria popular a través de esta expresión artística proveniente de la región Anccara, departamento de Huancavelica.
                                                                                                                                                                                    

El legendario danzante Máximo Hilario Solier, Derrepente; junto a su hijo Gabriel Hilario Huamanyali, Lucifer; y sus nietos Gabriel Hilario Lima, Lucifer II y Yuri Hilario Páucar, Qori Mayo; explicaron los orígenes de la Danza de Tijeras, tributo a la pachamama que era ejecutado por los Chinchín Tussoc, quienes hacían sonar dos láminas de metal en forma de pico de cóndor, acompañados de tinyas y flautas. Con el tiempo, las láminas de metal fueron reemplazadas por tijeras y la música incorporó instrumentos europeos como el arpa y el violín, en un ejemplo perfecto de mestizaje cultural.

Derrama Magisterial, a través de su Centro Cultural José A. Encinas, organiza permanentemente esta clase de actividades con el propósito de revalorar y rescatar nuestra identidad nacional, para difundir la diversidad de nuestro arte popular.
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